El sueño del Sheikh

El sueño del Sheikh

El sueño del Sheikh

Capítulo 2 (Parte 1)

El Congreso en Abu Dabi fue excepcional. Los jefes de estado más importantes del mundo habían asistido, incluido el padre de Rayhan, quien orgulloso aplaudió de pie junto a los demás en el cierre del Congreso. Rayhan los había conquistado de nuevo. Luego de afianzar la política de su país, difundiendo los proyectos presentes y futuros convencionales, para una mejor relación diplomática con todas las demás naciones, brindándoles transparencias y reglas claras, continuó en su discurso en lo que efectivamente le interesaba.

Los había convencido contra cualquier especulación política, en continuar investigando y ampliando las energías renovables y concluyendo la extracción del litio, en zonas que no hubiesen calificado para el mismo. Además, les solicitó a los representantes gubernamentales, que colaboren con más ímpetu en el desarrollo de investigaciones científicas, como lo estaba haciendo Los Emiratos Árabes Unidos con las energías renovables. También subrayó, la importancia de que las grandes corporaciones culminen de una vez en reemplazar definitivamente los envases que no sean cien por ciento reciclables y, además, destacó la importancia de aminorar la fabricación en la variedad de productos, de toda índole, que no sean imprescindibles, que generan una cantidad indefinible de residuos, como complemento para atenuar el terrible impacto ambiental que nos aqueja. Hizo hincapié en ahondar en los cambios de la industrialización, transformándola de manera eficiente, sin contaminación y achicando la brecha paulatinamente en condiciones justas y equitativas, para todos los países. A su vez, insistió en aceptar los nuevos conceptos en siembra, adecuándose a un uso razonable de la tierra, de los agroquímicos y la manera de llevarlos a cabo. Además, recalcó que los experimentos agroecológicos de los últimos años, no fueron satisfactorios como se esperaban, y había que extremar criterios totalmente inversos, para la subsistencia, de una Tierra que se la está agotando. Insistió que todo el esfuerzo equivaldrá al sostenimiento de los mares, el agua potable y a la vida. Enfatizó el apoyo económico de los Emiratos Árabes Unidos, a todos los países pobres y subdesarrollados, que presenten compromisos verdaderos, con el medio ambiente.

Además, fue redundante y exigió responsabilidad—: “…en adecuar el uso del litio a lo más elemental, ya que el impacto sobre los recursos hídricos es muy complejo de controlar, y lo que está en desarrollo su durabilidad estimamos diez o doce años, para evitar otro tipo de contaminación aún más severo. Pese a la separación del cobalto, níquel, aluminio y el litio para su reutilización, todavía se debe ser más eficiente. El daño ocasionado en Sudamérica, por la explotación minera casi sin control, en una de las reservas más importantes del mundo, como lo es el triángulo de la provincia de Jujuy en Argentina, Chile y Bolivia. Allí, donde se perjudicó gravemente la flora y fauna, contaminando el agua potable, todos sus ecosistemas y obviamente, que atañó a su población, el paisaje y la atmósfera. La explotación minera produce un impacto ambiental muy grave y no hay que dejarlo al azar. Cada nación debe hacerse responsable de los daños que ocasiona a su población y al resto del mundo. Los tratados internacionales deben respetarse y cumplirse de conformidad a lo establecido. Que el dinero no compre el futuro de la Tierra. ¿Dónde está el límite de nuestras convicciones en los adelantos tecnológicos, la modernidad y nuestra propia superación? ¿Cuál es el precio que debemos pagar los que habitamos este planeta, y me refiero a todos los seres que viven en él? ¿Hasta dónde debemos destruir para obtener determinados recursos muy lucrativos sólo para algunos? Muchos de los que están aquí, saben que, para producir litio, se pierden millones de litros de agua. Depende la zona y los salares con su evaporación. Por eso insistimos en el control de las mineras y de los recursos. Hace tiempo que, en lo personal, estoy advirtiendo demasiada desidia en muchas naciones. Una falta de compromiso con la biodiversidad que me avergüenza como ser humano.   Los adelantos que proclaman para mejorar ciertas tecnologías, en verdad están haciendo lo opuesto. Los que me conocen, comprenden que estoy del lado de la vida en todas sus formas. Por todos estos daños irreversibles para la Tierra, hoy estoy aquí.  Para 2050, debemos haber concluido una primera etapa positiva.  Tenemos una sola vida y éste solo planeta al cual estamos haciéndole de todo para destruirlo.   Esta Tierra que no espera porque no tiene más tiempo, los grandes negociados quedaron en el pasado. Necesito que me ayuden a proteger los océanos, la flora y la fauna de cada región. Necesitamos más reservas, así que, por favor, esta es la última década para que todos nos pongamos de acuerdo, antes de que sea muy tarde”.   —Enfatizó. Lo que había agregado al final, estaba fuera de lo escrito, pero a último momento utilizó el concepto de Denisse, que había percibido tras los transmisores: “Tenemos una sola vida y éste solo planeta al cual estamos haciéndole de todo para destruirlo…” tal como él siempre lo pensaba, cada vez que encaraba un nuevo proyecto en África…

El Sheikh agradeció y descendió en medio de aplausos. Él tenía un carisma especial, lograba atraer la atención a su persona no sólo por su extraordinario semblante muy atrayente y seductor, sino también lo caracterizaba su físico atlético, pero delgado y alto, (medía un metro ochenta y nueve), sino que él vestía casi siempre de traje, o pantalón, camisa y un saco sport, pero sumamente elegante. Sólo usaba la ropa blanca clásica, cuando estaba en algún acto festivo o religioso. Era verdad, Dubái era una ciudad libre, pero con respeto a sus tradiciones.

Mark, medía un centímetro menos y obvio que no se notaba; él lo esperaba junto a su padre, su alteza el Jeque Nadeem Rayhan bin Ahmad. Él sí estaba con su ropa tradicional, tenía sesenta años. También su hermano, Mahir apenas dos años menor que el príncipe, tenía veintitrés. Mahir estaba de encargado del Ministerio de Seguridad, en Dubái, también se había educado como Rayhan en la Real Academia Militar de Sandhurst de Reino Unido, desde muy jóvenes, pero con la diferencia que Mahir, había continuado en las fuerzas militares, y era piloto de combate. También había cursado la carrera de ciencias políticas y, además, se preparaba para conducir las empresas familiares, ya que cursaba una licenciatura en economía y finanzas, junto a la inmensa cantidad de empleados y asesores. En verdad el Jeque estaba orgullosos de sus hijos, pese a todo se sentía satisfecho, sabía que si moría el legado quedaba en buenas manos. Su padre había sido una persona exigente en los estudios desde muy pequeños con todos ellos. Sus lugares se los habían ganado con esfuerzo, pero al mismo tiempo, tenían el asesoramiento de los militares, el Consejo, y del propio Jeque para la toma de decisiones políticas, hasta que se “adaptaran” definitivamente a las responsabilidades de sus cargos.

Su hija más chica, Tahira tenía 21, ella se había recibido en Gestión de Recursos Humanos, a su vez, estudiaba Ciencias y Gestión Ambiental y preparaba sus posgrados. Al mismo tiempo, trabajaba junto a su padre en un Ministerio para la Mujer.

—Hijo, vamos a comer algo ahora. —Dijo el Jeque—. Creo que esta vez estuviste más duro y me encantó. Necesitamos apoyo para nuestras políticas de estado y que efectivamente sean efectivas. —Salieron los cuatro del salón de convenciones. Estuvieron más de una hora con periodistas y conocidos, conversando sobre la exposición de las consecuencias del litio para su reciclaje.

Fueron todos a cenar, junto a unos cuantos conocidos representantes a un hotel cercano. Luego, de todos los benditos protocolos se despidieron y Mark, que estaba sentado junto a Rayhan, le dijo:

—¿Qué sucede?, cuando veníamos estabas eufórico y ahora de nuevo perdiste la sonrisa… Otra vez estás ausente Rayhan… Casi no probaste la comida… —Observó a su amigo y no dijo nada, sólo bebió un trago de Margarita. Miró la hora en su reloj electrónico que no sólo señalaba la misma en su muñeca, sino que recibía conexión directa con la Central de Seguridad de Dubái por peligro inminente, rastreo o cualquier otra causa extrema cuando el celular estaba desafectado. Era la una y media de la mañana. Estaba sintiendo el cansancio lo que se había relajado; por último, le respondió en voz baja a Mark:

—Volvamos a Bahréin.

—¡Qué! Está tu padre allí sentado, ¿qué excusa le vas a poner? —Rayhan se molestó y no dijo nada—. Se supone que debemos quedarnos aquí. También debemos pasar por Dubái a preparar lo del viaje a Londres… ¿Y tú quieres volver a Bahréin? —Le recriminó.

—Necesito estar solo para pensar y poner mi mente en blanco por un rato… ¿Es mucho pedir?

—Creo que, en Bahréin, no vas a poder poner tu mente en blanco Rayhan… —Le insinuó. El teléfono de Mark sonó. Era el japonés. Escuchó y cortó—. Dice Naoki que la chica recibió un correo de su amiga. Le envió el número de teléfono. Chequeó y confirmó su identidad.

—Está bien, entonces nos quedaremos aquí esta noche, luego hacemos los deberes en Dubái y  mañana volamos para Bahréin. Desde aquí nos iremos en el auto hasta Dubái. Nos hacemos los distraídos y retornamos a llevarnos el avión hacia Bahréin, así no levantamos sospechas… —Mark sonrió pensando en las idas y vueltas. El padre de Rayhan entre charla y cigarrillos puros, observó varias veces de refilón a ambos. Los conocía demasiado como para intuir que algo ocultaban. Estuvieron un poco más de sobre mesa, hasta que pudieron irse. Rayhan le reclamó a su padre como tantas veces, que dejara ese bendito tabaco. Su padre sonrió.

Antes que el Jeque los descubra salieron un día después de Abu Dabi en el avión privado cerca de las siete de la mañana. En alrededor de una hora estarían en Bahréin, en el aeropuerto de Muharraq. De allí irían en auto los casi 8 km., que le deparaba al hotel donde se alojaba Denisse. Mark, durante el vuelo, aún hablaba de los resultados del Congreso y preparaba agendas para ese día y los siguientes, a su vez el teléfono constantemente sonando. Rayhan sólo permaneció sentado en uno de los amplísimos sillones del avión, con su cabeza en otro mundo. No había dormido bien. Y esa rara sensación que le daba vueltas por su espíritu, lo inquietaba. Se sentía molesto porque él era muy prolijo para su vida y conocía sus limitaciones, pero por momentos se sentía desencajado dentro de sí. Durante esas dos noches, había mirado una y mil veces el video de la joven en el balcón, que le había enviado el japonés; también escuchado los audios que había tenido Mark con ella y cierto cosquilleo le aceleraba el pulso—. Era tan hermosa… —Se repetía constantemente—, y si acaso era ella… —meditaba.  Mark le hablaba desde otro sillón, pero él seguía encerrado en sí mismo.

—¡Rayhan! ¡Rayhan! —Le gritó fuerte—. Es tu padre, ¿qué le digo…? ¿Por qué no le contestas el teléfono? —Rayhan lo miró saliendo de su estado hipnótico y observó el celular, tenía cinco llamadas perdidas de su padre. Se maldijo.

—Dile que olvidamos documentación importante… ¡Qué sé yo…! Miéntele, total ya eres un experto…

—A veces te odio Excelencia… —Le respondió de mal modo. Rayhan repasó su plan para cuando estuvieran en la oficina de Bahréin. Sólo tenía que convencer a su amigo.

 

Una vez en las oficinas privadas del Jeque en Bahréin, Mark se le plantó al príncipe ya que había venido todo el viaje en el Audi sin hablar.

—Rayhan, te pido un favor, deja de estar en la luna, debemos viajar a Londres para terminar con los contratos del petróleo y gas, y tú estás otra vez con tu estrés… Es grave que no le contestes a tu padre, ¡y tuve que decirle que estabas en el baño, para que me creyera…!

—Mark, anoche estuve pensando en lo que vamos a hacer con la muchacha, ya hice una estrategia para que nadie se entere…  —Agregó ignorando su comentario.

—¿Preparo sus papeles ahora? —Dijo Mark entusiasmado.

—No. Irás al hotel y hablarás con ella… Ya que eres un buen embustero deberás convencerla para que se quede.  —Rayhan cambió su semblante por una actitud más seria. Su amigo percibió una extraña sensación, supuso que el estrés en verdad estaba causándole daño y se preocupó. Él era alguien sumamente formal y consecuente, pero desde que había visto a esa joven…

—¡Qué! —Exclamó Mark mientras se acomodaba el nudo de la corbata—. ¿Otra vez estás delirando?, ¡ni lo sueñes!

—Es una orden. —Le increpó.

—¡Vete al carajo Excelencia! ¡No voy a mentir más por ti! ¡Le haremos los papeles y que se vaya! ¡O la enviaremos en nuestra línea…! ¡Pero ella se va! ¡Por Alá, con todas las mentiras y cosas que venimos haciendo, voy a ir a la Mezquita arrastrándome…! —Profirió casi enfadado.

—Irás a verla y con un buen discurso engañoso, la convencerás para que sea, mi esclava…

 


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